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Disponible el: 04/06/2026
¿Cuál fue la primera palabra? ¿Quién la pronunció? ¿En qué contexto? ¿Cómo y por qué la eligió (esa y no otra)?... No sabemos ni en qué tiempo sucedió, entre los 135.000 y los dos millones de años atrás.
Platón se adentró en el dilema sobre si los nombres son aleatorios y caprichosos o si contienen la esencia y la naturaleza misma de lo nombrado. ¿Acaso las palabras «susurro» y «murmullo» no contienen al susurro y al murmullo? ¿Acaso la seda requería una palabra suave en su pronunciación y no el vocablo «roca» para nominarla?
Casi todas la culturas y civilizaciones atribuyen a sus dioses el poder de concesión de ese don del «Logos» (la palabra razonada) a los seres humanos. Y las divinidades hicieron de la palabra la herramienta necesaria para la Creación: En el principio fue el Verbo... (San Juan, 1:1).
Sin un nombre, dice Borges, la cosa no es, no existe. O sea, la palabra es la vida y tenemos el poder de los dioses onomaturgos para crearlas. A Gonzalo Torrente Ballester le admiraba la inventiva de los andaluces al hablar y aseguraba que es el suyo el arte de burlarse de la gramática para que la frase sea más expresiva. Pues a disfrutarlo.
| Fecha de publicación | 05/12/2026 |
| Número de páginas | 277 |
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